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Apuntes sobre la guerra de Irak y el dominio imperialista

Martín Juárez, Integrante de la Liga de Trabajadores por el Socialismo - Contracorriente (Unificada) de México

29/03/03

El camino hacia la guerra ha estado signado por una rápida erosión de las instituciones que durante las décadas pasadas estabilizaron la situación internacional. Intento de recomponer una alicaída hegemonía que fue puesta en cuestión el 11-S, el inicio de los bombardeos fue el punto culminante de una ruptura del consenso entre las grandes potencias. Si las operaciones militares iniciadas el 20 de marzo no siguen el curso esperado en Washington y a pesar de las vidas iraquíes que se están cobrando las bombas y misiles imperialistas, se desarrolla la resistencia, las contradicciones estructurales en la dominación imperialista se profundizarán, dando pie a la emergencia de nuevos procesos de la lucha de clases, como en el polvorín que es hoy Medio Oriente.
La guerra de Irak y las contradicciones que surcan la situación mundial muestran dramáticamente que el bienio 2001- 2003 probablemente esté siendo un parteaguas e inicio de una nueva etapa o período histórico. Esto, después de una última década del siglo pasado signada por la caída de los regimenes burocráticos de la ex URSS y Europa del Este, el fin del orden de Yalta y Postdam, y por los intentos norteamericanos de recomponer su hegemonía, por la ofensiva ideológica imperialista que, con distintos argumentos, pretendió neutralizar el desarrollo de todo cuestionamiento al orden imperial y alejar del horizonte toda perspectiva de transformación revolucionaria. Hoy presenciamos una creciente agudización de las tendencias a la revolución y a la contrarrevolución en la escena mundial, que pueden acelerarse como consecuencia del resultado de la guerra.

1-. La crisis sin precedentes de las instituciones en las cuales se apoyó el dominio yanqui durante el medio siglo pasado abre la discusión sobre las perspectivas, cuestión que el analista Guillermo Almeyra formula en estos términos: "Se entra en un periodo de guerra y de conflictos económicos. Reaparecen los fatídicos años 30, los del rearme y de las alianzas que prepararon la guerra mundial."
¿El aceleramiento de la pelea interimperialista desembocará, con cierta rapidez, en una lucha abierta por la hegemonía mundial? La abrumadora superioridad militar y el mayor peso político de los EE.UU. han actuado en contra de ello, e incluso luego de los atentados del 11-S le permitieron al imperialismo yanqui contar con un importante apoyo en la guerra de Afganistán. Esto incluso y a pesar de los roces y discusiones previos, como por ejemplo con China -recordemos la importante crisis de abril del 2001-. Sin duda esa superioridad yanqui está en la base de los analistas que se preguntan si Francia no ha ido demasiado lejos, alertando sobre las represalias posibles que despertará la actitud de Chirac en la administración republicana.
Lo que vemos hoy es que el intento de frenar la decadencia de su poderío mediante una política unilateral acelera la aparición de un vacío estratégico en lo que respecta a la hegemonía imperialista, en el sentido que, mientras EE.UU. no puede legitimar sus acciones y se ve relativamente aislado, no hay una potencia cuyo curso ascendente pueda compararse al imperialismo norteamericano de los 20´s y 30´s. Francia, Alemania, China y Rusia despliegan intereses estratégicamente distintos, pero sin poder transformar su acción "negativa" en un liderazgo "positivo".
Estas disputas pueden ser fuente de un aceleramiento de mayores tensiones políticas. Aunque Francia en estos últimos días ha actuado con "prudencia" -absteniéndose de presentar una resolución condenatoria en la ONU- aguardando que el retraso de la ofensiva norteamericana fortalezca su propia posición en una Europa dividida, las declaraciones de Ivanov muestran una mayor reacción de Rusia (la afirmación de que con armas rusas la coalición no entraría a Bagdad, la posibilidad de que no se ratifique el tratado de reducción de armas nucleares con EEUU o el anuncio del envío de tropas a la frontera suroeste). Por detrás de estás disputas esta el posicionamiento de las potencias imperialistas, de Rusia y de China en la arena mundial. Por cierto, ¿esta última aceptará ser sólo un campo de disputa de las potencias imperialistas, o redoblará sus actuales esfuerzos por consolidarse como potencia regional? Posiblemente veremos en el futuro el desarrollo o la cimentación de nuevos bloques políticos y militares.

2-. Estas disputas son fuente ya de mayores tensiones económicas. Por una parte, el retraso en derribar al régimen de Hussein y las posibilidades de una guerra larga, alientan ya una perspectiva sombría plagada de tendencias recesivas. Por otro lado, como apunta en un reciente artículo de The Guardian el analista Larry Elliot (ver en Partes de guerra), la crisis en las relaciones interimperialistas afectará los remedios multilaterales a la crisis económica y orillara a los EEUU a buscar una solución unilateral al actual debilitamiento de su economía, acelerando las tendencias aislacionistas, proteccionistas y el desarrollo de enfrentamientos comerciales.

3-. ¿Cual podrá ser la combinación entre estas disputas con la evolución de la lucha de clases?
Si las guerras pueden engendrar revoluciones -y una excursión mas larga de lo previsto en Irak puede transformarse en un nuevo "jarabe vietnamita", como corean los manifestantes en las calles de México DF.-, las divisiones entre las potencias están abriendo caminos para la irrupción del movimiento de masas. En los ´30, el declive inglés y el ascenso norteamericano se combinaron con un periodo de revoluciones y contrarrevoluciones; en el ´68-74, el ascenso proletario se conjugó con una nueva competencia interimperialista y el inicio de una declinación norteamericana en cámara lenta. Hoy, la falta de legitimidad de EEUU se combina con el desarrollo de un fuerte movimiento antiguerra en ascenso, que no ha sido fácilmente encarrerado tras las direcciones burguesas o los gobiernos "opositores" al "unilateralismo" de EEUU, y que ya marcó varios hitos, como la multitudinaria manifestación en Nueva York, y los millones que se manifiestan en los centros del poder imperial en América y Europa. Este nuevo actor de la lucha de clases, combinado con los fuertes temblores de las disputas interpotencias es la base de la crisis del gobierno laborista en Inglaterra y en la medida que la guerra se extienda puede abrir una crisis política en EEUU. Las movilizaciones que sacuden Italia, y la actividad desarrollada por sectores del proletariado, obligaron a Berlusconi a ser más cauto en su exposición como soporte de la ofensiva angloyanqui. El desarrollo del sentimiento antinorteamericano en la región del conflicto, puede no sólo complicar y fortalecer la resistencia actual o posterior a un triunfo aliado, sino provocar la crisis y/o caída de los gobiernos reaccionarios de la región, por no decir la revitalización de la Intifada palestina. Lo que inició como un intento yanqui por imponer un nuevo estatus quo regional puede derivar en una desestabilización del conjunto de la región y el inicio de un proceso revolucionario en la misma.
Aunque el elemento mas retrasado sigue siendo la irrupción de los grandes batallones del proletariado y la crisis de su subjetividad, las vías para avanzar en su recomposición pueden ser novedosas y variables, y puede adoptar formas explosivas y abruptas. ¿Presenciaremos una entrada en escena alrededor de la lucha antiguerra, es decir una manifestación evidentemente política del proletariado? Habrá que seguir muy de cerca al proletariado español (donde la dirección de las CCOO resolvió, en votación dividida, no convocar a huelga general) e italiano, así como las manifestaciones de boicot que se han dado en el Reino Unido.

4-. Aunque sin duda ocupa un lugar subordinado en la situación internacional, las dificultades que EEUU tuvo para disciplinar a dos de sus mas fieles súbditos en su patio trasero latinoamericano (México y Chile) no debe ser desestimado. Si el gobierno de Fox asumió buscando una redefinición en clave reaccionaria de su relación con EEUU, lo que fue estandarte de su (ahora ex) canciller Castañeda, el discurso con el que el gobernante mexicano marcó distancia de la acción unilateral, es sin duda significativo. Aunque hay causas internas que deben ser contempladas (como una condena mayoritaria a la guerra y una caída en las previsiones para las próximas elecciones), las causas mas profundas están en la influencia que las disputas interimperialistas tienen en los países semicoloniales. Esto de ninguna forma niega la existencia de una subordinación económica y financiera de México a los EEUU (como en el caso de Chile y su TLC con EEUU). Pero si que, al calor de la guerra contra Irak y -no olvidar- de una situación regional que ya era convulsiva, estamos presenciando realineamientos que supondrán un mayor margen de maniobra frente a las intenciones imperialistas. Los "fatídicos años 30" estuvieron caracterizados por la aparición, en América Latina, de procesos revolucionarios y de ascenso de la lucha de clases, la aparición de gobiernos populistas y frentepopulistas, y una disputa ínter imperialista por el dominio en la región. Si los acontecimientos del ultimo año y medio agitaba este fantasma (proceso revolucionario en Argentina, y ascenso de la lucha de clases en Bolivia, surgimiento de populismos y frentepopulismos como en Brasil y Venezuela, etc.), pueden profundizarse en el actual contexto internacional.

El ritmo de estas tendencias no está escrito; su evolución dependerá directamente por el desarrollo de la guerra contra Irak y sin duda puede ser retrasado por un aplastante triunfo imperialista. Tendremos que seguir atentamente el curso de los acontecimientos, a la vez que ponemos nuestras fuerzas por la derrota militar del imperialismo yanqui y la victoria militar de Irak. Un empantanamiento de los piratas imperialistas y las divisiones en curso en el seno de los gobiernos hostiles por igual a la causa de la clase obrera, podrá dar como fruto novedosas condiciones para un nuevo ciclo histórico de revoluciones proletarias.

 

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